- Problemas digestivos: ¿demasiado azúcar o intolerancia al gluten?
Cada vez son más las personas que padecen intolerancia al gluten y problemas digestivos tras consumir alimentos que contienen gluten. ¿Se trata de una epidemia silenciosa o, una vez más, solo es una moda pasajera? El gluten no siempre es el culpable. La causa también podrían ser los hidratos de carbono no absorbibles o un crecimiento excesivo de bacterias en el intestino delgado.
Los productos sustitutivos sin gluten son un negocio que mueve miles de millones. Personalidades famosas como Novak Djokovic y Gwyneth Paltrow recomiendan prescindir del gluten, ya que, supuestamente, esto podría mejorar la salud. El gluten es una proteína presente en numerosos cereales, como el trigo y la cebada. De hecho, está aumentando el número de personas que padecen sensibilidad al gluten (NCGS) o celiaquía, una reacción autoinmune en el intestino que provoca graves problemas de salud.
Aproximadamente 1 de cada 100 personas en Alemania padece celiaquía. Además, hay un número cada vez mayor de personas que creen padecer la denominada «sensibilidad al gluten». Los síntomas son similares a los de la celiaquía, como, por ejemplo, dolor de estómago, hinchazón, diarrea o cansancio, dolores de cabeza y problemas cutáneos. Sin embargo, a diferencia de la celiaquía, en el intestino no se producen procesos inflamatorios provocados por el propio sistema inmunitario que causen daños en la mucosa del intestino delgado. Hasta la fecha no existe ningún biomarcador ni prueba de laboratorio concluyente que permita diagnosticar la sensibilidad al gluten de forma inequívoca.
Sensibilidad al gluten: ¿realidad o imaginación?
Hasta la fecha, esta afección no se ha desentrañado por completo desde el punto de vista médico, por lo que la sensibilidad al gluten no se comprende del todo. El diagnóstico solo puede establecerse mediante el principio de exclusión. A menudo, la práctica clínica demuestra que no siempre es el gluten el que provoca problemas gastrointestinales. Las investigaciones actuales han identificado otros componentes alimentarios que pueden desencadenar molestias digestivas crónicas.
¿Es el azúcar el problema?
Cada vez más, la investigación se centra en los componentes alimentarios de la familia de los azúcares, que se agrupan bajo el término FODMAP. FODMAP es la abreviatura inglesa de oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables. Se trata de hidratos de carbono de rápida fermentación, como los que se encuentran, por ejemplo, en los dulces, el pan (especialmente el de trigo), los productos lácteos, la fruta de hueso o la col. Los polioles (alcoholes de azúcar) se encuentran en numerosos productos industriales como edulcorantes o humectantes. Por lo tanto, los FODMAP incluyen la fructosa, la lactosa y los sustitutos del azúcar. Todos estos componentes pueden provocar una producción excesiva de gases. Las consecuencias son molestias digestivas, hinchazón abdominal y dolor de vientre, similares a las de la sensibilidad al gluten o el síndrome del intestino irritable. Sin embargo, en los últimos años ha cobrado cada vez más importancia una posible causa totalmente diferente.
La «nueva» enfermedad: SIBO (proliferación bacteriana en el intestino delgado)
SIBO son las siglas de «Small Intestinal Bacterial Overgrowth» (proliferación bacteriana en el intestino delgado), lo que hace referencia a una acumulación excesiva de bacterias en el intestino delgado. Los síntomas son similares a los de la sensibilidad al gluten. Además, los síntomas se desencadenan por componentes que se encuentran en los alimentos que contienen gluten. En el caso del SIBO, se trata concretamente de los oligosacáridos, es decir, azúcares compuestos, que se encuentran en los cereales, pero también en frutas, verduras y sustitutos del azúcar. La cantidad excesiva de bacterias en el intestino delgado de las personas con SIBO produce una gran cantidad de gases debido a la metabolización de los oligosacáridos, lo que provoca las molestias.
¿Cómo puedo averiguar qué es lo que me está causando problemas?
Actualmente, solo la celiaquía y el SIBO son clínicamente detectables. Para diagnosticar la celiaquía es necesario realizar un análisis de sangre. El SIBO se diagnostica mediante una prueba de aliento o una gastroscopia con análisis del jugo del intestino delgado. En caso de sensibilidad a los FODMAP o al gluten, el único método para determinar si estos componentes podrían estar causando las molestias es cambiar la dieta y observar las consecuencias. No obstante, sigue existiendo cierta incertidumbre.
Si, tras el estudio de los síntomas por parte de un especialista, se llegara a la conclusión de que existe celiaquía o sensibilidad al gluten, el objetivo de las personas afectadas debe ser reducir al mínimo la ingesta de gluten. En este sentido, las enzimas pueden servir de ayuda adicional a una dieta «supuestamente» sin gluten.
Sin embargo, debe quedar claro que un producto enzimático como GluteoStop no puede sustituir a una dieta sin gluten en caso de celiaquía. PERO puede ayudar, como complemento de una dieta sin gluten, a reducir la exposición involuntaria e inconsciente al gluten. Y de eso se trata, al fin y al cabo: de introducir la menor cantidad posible de gluten en el organismo cuando este es el desencadenante de síntomas angustiantes.






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